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LA RAZÓN DE SER DE UNA ACADEMIA

El término academia según el DRAE
en una de sus acepciones se define como “establecimiento docente, público o
privado, de carácter profesional, artístico, técnico, o simplemente práctico”.

También el DRAE la define como
“casa con jardín, cerca de Atenas, junto al gimnasio del héroe Academo, donde
enseñaron Platón y otros filósofos” o como “escuela filosófica fundada por
Platón, cuyas doctrinas se modificaron en el transcurso del tiempo, dando
origen a las denominaciones de antigua, segunda y nueva academia. Otros
distinguen cinco en la historia de esta escuela”.

De ello podemos deducir varias
cosas interesantes, tales como que esta institución educativa de la Atenas
clásica del 384 a.C. tenía jardín; es decir ya en aquella época se
trataba de dotar al lugar de enseñanza de unas características bastante
alejadas de lo que hoy entendemos por un aula. Creo querer entender con ello, que
los sabios griegos tenían muy claro que el centro de enseñanza debía de gozar
de unas peculiaridades tales, que el alumno se encontrara con esa sensación de
libertad y sosiego que confería en este caso, el contacto con la naturaleza.

En segundo lugar, el “personal
docente” estaba constituido nada más y nada menos que por una serie de
filósofos entre los que se encontraba Platón. Con ello quiero resaltar, las
características del “profesorado”, su cualificación y valía, de tal forma que
sus enseñanzas han llegado hasta hoy en día.

Si hacemos un rápido viaje en el
tiempo y trasladamos estos principios a lo que existe en la actualidad, seguro
que Platón y sus contemporáneos se llevarían las manos a la cabeza. Hoy en día
abundan centros de enseñanza, con clases que no reúnen condiciones, con
personal a veces no suficientemente cualificado y donde la preferencia de
intereses no siempre se encuentra en el aprendizaje del alumno.  

Es por ello, que este primer
artículo del blog trata de defender lo que, a mí entender, debe configurar la
esencia de cualquier academia: profesionalidad del profesorado, trato excelente
e incentivación del alumno, instalaciones adecuadas y metodologías adaptadas al
estudiante. Sólo con estas premisas y con una auténtica vocación por el mundo
de la enseñanza, nos acercaremos a lo que ya nos enseñaban los clásicos.